domingo, 27 de diciembre de 2009

Temor

Camila. Camila. Subia las escaleras de a dos escalones. Por que le era más simple que subirlos de a uno. Le parecía más original subirlos de a dos que de a uno. (¿Acaso no todos los subían a de a uno?). Camila camina todas las noches por las calles desiertas de Buenos Aires. Sabe que teme, sabe a que no temer. Sabe que la espera en la vuelta de la esquina. Sabe que es lo que debe hacer en los siguientes minutos para no salir herida. Creo que Camila busca una respuesta en cada uno de sus escalones. Y no se da cuenta que en los escalones que salta está escrita en letra cursiva una frase para calmarle las dudas. Camila es una mujer casi niña. En vez de crecer, decrece en palabras que pierde en cada frase que pronuncian sus labios. Una pequeña que aleja a quien se le acerca. Camila sabe que busca. Sabe qué es lo que quiere. Sabe qué camino de más. Sabe. Sabe demasiado y escapa de su sabiduría. Escapa de si misma. Escapa por que teme. Teme a lo conoce al dar vuelta la esquina. Teme a lo que la persigue en sus sueños. Teme a las respuestas de sus preguntas. Teme. Sólo teme. Teme que todo sea temor. Y nada más que eso.

- a veces cuesta volver a escribir. Uno se levanta con ganas. Pero es dificil tomar las letras y unirlas en algo con sentido.-

miércoles, 16 de diciembre de 2009

unísono

Mirando de reojo se acercó a sus pies. Sus pies pequeños de color anaranjado. Un taco lo bastante alto como para hacerla llegar 10cm más cerca de sus labios. Piernas largas y gruesas. Músculos marcados. Sus manos comenzaron a recorrerle el cuerpo. De abajo hacía arriba. Ella se dejaba acariciar fingiendo una sonrisa. Sus labios acariciaron cada uno de los recovecos de su cuerpo. Lo exploraron, disfrutaron de cada uno de sus aromas. De los diferentes colores que desprendía su cintura. Con las uñas raspó suavemente los brazos y ella por primera vez emitió un sonido. Imposible de entender el sentido. Imposible entender el significado de sus palabras, del aparente grito que salió de su boca. Inentendible.
Tomo su cabello y lo enredó entre sus dedos. Lo tiró levemente hacia atrás y su cabeza dejó al descubierto el cuello. Una fina cadena hecha de plata le colgaba con un pequeño dije de color coral. Lo tomó en su mano libre y enredandose aún más el cabello tiró de la cadena y la rompió. La levantó sobre sus ojos y la tiró. Lejos, lejos de allí. Ella observó donde estaba y cerró los ojos. Y ambos bailaron al unísono.

jueves, 3 de diciembre de 2009

hoja y lara.

Estaba frente a una hoja de color amarillento, añeja, media quemada, un poco débil. La hoja y ella sentadas esperando que una de las dos comenzara a escribir. Una de las dos. Alguna. Que una le dicte a la otra para poder comenzar a desparramar cosas. Para poder limpiarse la culpa, las angustias, los dolores. Para poder reflotar las risa. La hoja y Lara allí sentadas. Una al lado de la otra mirándose de frente una a la otra. Una de las dos tomó el valor y tiró la primera letra. Una "efe" en cursiva bien prolija.
El cuarto inundaba a jazmín y una rosa marchita. El cuarto se teñía de un rojo morado. Flotaba en el aire un humo espeso que generaba una cortina opaca entre una y otra habitación. Lara cerraba los ojos e imaginaba todas las palabras que empezaban con "efe". Una a una, se le presentaba: flor, fama, furia, foco, fila, fin. Fin. Fin.  Antes de empezar  a escribir ya había terminado. Antes de seguir dando vueltas acerca de todo aquello que le pasaba, ya era momento del Fin. Antes de siquiera haber escrito el principio, ya estaba terminando. Debía finalizar. Debía cortar con todo. Debía hacer desaparecer absolutamente todo, para comenzar a soñar nuevamente.
Ambas, la hoja y ella, levantaron la vista, al escuchar una puerta abrirse. Un hombre que bien conocía salía por ella. Se acerca a la mesa y notaron ambas, la hoja y ella, cierta intensión de amor. Y ambas, la hoja y ella, derritieron por él. Y la hoja fue más fuerte y sostuvo su mano. Lara la miró y sintió la "efe" en su cuerpo. Él la miró sorprendido. Él la extrañó. Extrañó su cuerpo, sus caricias, sus abrazos. La extrañó y sintió como Mía lo tomaba de la cintura y lo lleva a la habitación nuevamente. Se dió media vuelta y la besó.
Y Lara los miró y murió de celos en su silla. Y su "efe" en su hoja le sonrió. Y Lara le sonrió a la "efe" y a la hoja. Y Lara comenzó a llorar, grandes y pesadas gotas saladas.
Lara seguía sonriendo.


links * (lo que algunos podemos llamar capitulos)
• Mía (i)  • preguntas (ii)   • lunares (iii)  • triste (iv)  
 • scrabble (v)  • desaparece (vi)  • besar (vii)  •  bruja (viii)



* nota del autor: con este pretende terminar. Nunca se sabe, mañana por ahí me despierto pensando que Mía y Lara aún tienen algo que contar. Hoy creo que no. A Mía le quedaron cosas por decir. Pero sólo más y más gritos y sonrisas amargas. Como cafe sin leche y sin azucar.


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