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martes, 26 de octubre de 2010

Lara es Mía.

De vez en cuando le pasaba. Se perdía del camino y se iba a algún lugar remoto a pensar. ¿En qué? En lo que fuera, con tal de hacerlo. Y fue unos de esos días que pasó. Uno de esos días snetada frente a un río color verde que le toco su espalda y le dijo "te ecnontré". Y sus manos se enroscaron el pasto húmedo y tironearon de él, sus pies se quedaron quietos y dejeraon de chapotear en el agua. Sus ojos se fijaron en un punto lejano del horizonte. No se dió vuelta. Sentía su mano en su hombro. Sentía como él le tomaba los cabellos y comenzaba a jugar con ellos. Ella tieza, dura cual piedra. No lo queria. No se animaba a gritar. No le salían las lágrimas.
Lara estaba oculta entre los árboles. Y él la había encontrado. Se acomodo a su lado y comenzó a contarle, sobre ella, sobre Mía, sobre su amor, sobre su odio, dolor, temor, pasión. Le contó en dos minutos (o por ahí más de dos horas) cosas que Lara no quería escuchar. Lara no lo oía, se secaba los pies con el ruedo del vestido, mientras con la otra mano lentamente soltaba el pasto de entre sus dedos.
"Y volví por vos" Lara lo miró, por primera vez de arriba a abajo. Se acordaba de él. Lo recordaba en todos sus detalles. En su altura, en su olor, en su color de pelo y de ojos. En cada una de sus facciones. En cada suspiro. En cada una de las palabras rigurosamente seleccionadas. Lara lo observó en el silencio. Agradeció el silencio previo al grito. Y se sonrió. Y Lara fue Mía.

jueves, 3 de diciembre de 2009

hoja y lara.

Estaba frente a una hoja de color amarillento, añeja, media quemada, un poco débil. La hoja y ella sentadas esperando que una de las dos comenzara a escribir. Una de las dos. Alguna. Que una le dicte a la otra para poder comenzar a desparramar cosas. Para poder limpiarse la culpa, las angustias, los dolores. Para poder reflotar las risa. La hoja y Lara allí sentadas. Una al lado de la otra mirándose de frente una a la otra. Una de las dos tomó el valor y tiró la primera letra. Una "efe" en cursiva bien prolija.
El cuarto inundaba a jazmín y una rosa marchita. El cuarto se teñía de un rojo morado. Flotaba en el aire un humo espeso que generaba una cortina opaca entre una y otra habitación. Lara cerraba los ojos e imaginaba todas las palabras que empezaban con "efe". Una a una, se le presentaba: flor, fama, furia, foco, fila, fin. Fin. Fin.  Antes de empezar  a escribir ya había terminado. Antes de seguir dando vueltas acerca de todo aquello que le pasaba, ya era momento del Fin. Antes de siquiera haber escrito el principio, ya estaba terminando. Debía finalizar. Debía cortar con todo. Debía hacer desaparecer absolutamente todo, para comenzar a soñar nuevamente.
Ambas, la hoja y ella, levantaron la vista, al escuchar una puerta abrirse. Un hombre que bien conocía salía por ella. Se acerca a la mesa y notaron ambas, la hoja y ella, cierta intensión de amor. Y ambas, la hoja y ella, derritieron por él. Y la hoja fue más fuerte y sostuvo su mano. Lara la miró y sintió la "efe" en su cuerpo. Él la miró sorprendido. Él la extrañó. Extrañó su cuerpo, sus caricias, sus abrazos. La extrañó y sintió como Mía lo tomaba de la cintura y lo lleva a la habitación nuevamente. Se dió media vuelta y la besó.
Y Lara los miró y murió de celos en su silla. Y su "efe" en su hoja le sonrió. Y Lara le sonrió a la "efe" y a la hoja. Y Lara comenzó a llorar, grandes y pesadas gotas saladas.
Lara seguía sonriendo.


links * (lo que algunos podemos llamar capitulos)
• Mía (i)  • preguntas (ii)   • lunares (iii)  • triste (iv)  
 • scrabble (v)  • desaparece (vi)  • besar (vii)  •  bruja (viii)



* nota del autor: con este pretende terminar. Nunca se sabe, mañana por ahí me despierto pensando que Mía y Lara aún tienen algo que contar. Hoy creo que no. A Mía le quedaron cosas por decir. Pero sólo más y más gritos y sonrisas amargas. Como cafe sin leche y sin azucar.


jueves, 26 de noviembre de 2009

bruja

Y se quedaron. Uno enfrente de otro. Uno adelante del otro como en otros tiempos. Con otros sentimientos, es verdad, pero de la misma manera en la que se quedaron jugando al scrabble aquella noche de invierno en donde se dieron el primer beso. Él la miraba con sus ojos redondos y le investigaba cada centímetro de su ser. Como si pudiese encontrar algo nuevo, algo desconocido que le haga olvidar a la otra. Algo que lo cautive, un olor diferente, una sensación nueva. O al menos, poder encontrar algún defecto para poder olvidarla.
Lara bajaba la vista y sentía los ojos que le dibujan la piel. Le acariciaban las pestañas y se le acercaban cada vez más a sus recovecos. Se divirtió un instante con su mirada. Moviendose y generando más juegos mudos para que Mía no escuche. Millones de pinceladas de colores, grises y blancos que la hacían volar en un sueño de sabor a caramelo.
Y la levantó cuando sintió que el juego había llegado a su fin. Él ya estaba parado frente a ella. Con las manos en la espalda, apoyado en una pared y ya no la observaba. Mía estaba parada allí mirando a nadie y con un anillo de plata en la mano, que sólo usaba en ocasiones especiales. Lara la observo, se cautivó un instante con ella. La admiró Admiró su cuerpo casi desnudo, su cabello largo y algo enrulado y, por primera vez brillosamente negro, sus piernas largas y su cara angulosa. Estaba extrañamente hermosa tras un velo de apariencias que ambos (Él, Lara y ella misma, Mía) conocían bien.
"Vamos" desde lo lejos se le escucho decir. Él, hipnotizado, camino hacia ella con una lentitud poco habitual. Su cuerpo flotaba, sus pies apenas rozaban el piso. La sonrisa había desaparecido. Estaba serio y caminaba al frene. Lara le grito, él ni se dió vuelta, hasta pareció no escucharla. Por un instante Lara sospecho de que un encantamiento lo estuviera llevando justo a donde Mía quería. Luego se dijo que esa idea era una locura. Luego pensó que no lo era tanto.
Se sentó en el piso y lentamente se fue quedando dormida. Y en eso pasó Mía y Lara dudó si soñaba o no. Mía le sonrió desde el pasillo caminando, casi flotando, con esa sonrisa hermosa y maliciosa que tanto la caracterizaba.


links * (lo que algunos podemos llamar capitulos)
• Mía (i)  • preguntas (ii)   • lunares (iii)  • triste (iv)  
 • scrabble (v)  • desaparece (vi)  • besar (vii)


* nota del autor: (y? como irá quedando)

sábado, 21 de noviembre de 2009

besar.

Nuevamente eran tres alrededor de esa mesa. Sin nada que decirse frente a frente. Lara sintió el calor que le recorría por los pies. Sintió los nervios en la uñas de sus dedos. Corrió por su nuca un aire frío. Sus hombros estaban contracturados. Se descalzó y movió los dedos de los pies.
Mía tomó un pintalabios y comenzó a delinearse los de un rojo furioso, como ella. Vestida de amor y dolor, de odio y pasión. Preparada para escapar ante el primer signo de debilidad. Su escote más pronunciado que nunca.  Su pollera que apenas tapaba sus muslos. Un collar que decía la protegía. Y unos aros un tanto grandes y colgantes.
Sus ojos miraban fijamente un punto entre la puerta de salida y el la mejilla de Lara. Temía verla a los ojos y calmarse. Dejar de odiarla como la odiaba en ese momento. El odio era su nectar. La esencia que la mantenía viva y sentada al lado de ellos dos. Comenzaba a odiarlos. A los dos. A uno más que al otro. Al otro más que al uno.
Su mirada estaba hinchada y colorada. Toda la tarde la había pasado entre lagrimas que nunca existieron y llantos que si lo hicieron. Su voz consumida por gritos mudos. Sus manos ajadas por estar tan apretadas.
Lara tomo el Jazmin y lo puso en agua. Lara apoyo su cara sobre sus brazos. Lara entre ida y presente en el lugar, le hablo a la nada.
- ¿Quieren saber que me pasa? Tengo miedo. - Mira a Mía quién sostiene el rouge en el aire y piensa lo estúpida que se comporta Lara - Si, miedo. Miedo de estar sola. Bronca, de tener que escaparme de mi propia casa para que vos no me veas pasar - Lo señala a él que baja la cabeza y juega con la rosa de Mía entre sus manos - ya que ella tiene miedo. Miedo de que nos demos cuenta de la verdad.
Mía tomó su rosa de las manos de él. Sus manos se ensuciaron de sangre. Mía se sonrió. Dudo un instante sobre qué hacer. Se acercó a él y le mordió el labio, haciendo que apenas sangre. Lara se asustó y vislumbro con horror el placer de su compañera. Mía se volvió a sonreir. Volvió a sentarse en su silla dejó caer la rosa junto al jazmin.
Lara la conocía. Era predecible, al menos una de cada diez veces. Los odiaba a los dos. Y no permitiría que se besen. Sólo los vería sufrir.

links * (lo que algunos podemos llamar capitulos)
Mía (i)  • preguntas (ii)   • lunares (iii)  • triste (iv) 
 • scrabble (v)  • desaparece (vi)  

* -nota del autor- Es la primera vez que escribo algo en secuencia. Que quiere ser un cuento. O ser más que ello. Tal vez crecer.


jueves, 12 de noviembre de 2009

Scrabble

- Bueno... .
-¿Qué querés? Tengo cosas que hacer. Si vas a hablar que sea ahora, dale. Apurate.

Mía estaba cansada. Muy cansada. Odiaba a la mujer que tenía enfrente y si fuera por ella, la mataría con una de esas frases que le encantaban decir. Una de esas frases que le gustaba sentir en la punta de la lengua. Esas palabras que amaba decirle a las personas que odiaba. Esas palabras que le permitían sonreír por la noche cuando todos dormían. Lamentablemente, Mía había prometido no hacer nada de eso. Se lo había prometido a él. Y a él no podía mentirle.
En realidad, ninguna de las dos le podía mentir. Ese hombre, antes de irse, sabía lo que iba a pasar entre las dos muchachas. Lo sabía y por eso mismo se fue y las dejo solas. Necesitaban estar solas. Frente a frente, como tantas otras veces, en las que había jugado al scrabble. Pero esta vez sin tablero. Mía formulaba las palabras más dañinas y más terribles y no las usaba. Se mantenía callada y enojada. Se escondía en ella misma y añoraba nuevamente la noche.
Lara se había dado a conocer demasiado como para no saber que era lo que Mía estaba pensando. Eran demasiado diferentes y por eso eran predecibles una para la otra. Demasiados años delante de manteles de colores, como para no saber que pensaban. Demasiado juntas habían pasado sus días, la cantidad de noches abrazadas por el miedo a la soledad. Por historias que se inventaban para dormir en la misma habitación, por juegos que no mencionaban para no romperlos, por charlas que nunca más habían tenido lugar, sólo en esos momentos que son únicos.
Y cuando él llego cambio la vida. A la una y a la otra. Primero a los ojos de Lara, sensible y enamorada de  la vida. Insegura y temerosa. Meticulosa. Frágil.  Y a los veinte minutos, llego a los ojos de Mía un hombre el mismo hombre, pero diferente. Tanta pasión que espanta, tanto dolor que duele. Tanto miedos y angustias escondidas que ambos se usaron de confidente.
Y Lara se enamoró. Y Mía se enamoró. Y él, también. Primero de una, luego de la otra. De una por ser su complemento, de la otra por ser su  igual. De una por que podían pasar las horas del día disfrutando del sol. Corriendo bajo la lluvia. Cocinando cosas dulces para después disfrutar abrazados por la noche. De la otra en las penunbras, cuando las pasiones se encienden y los silencios son eternos y sólo vale hablar de algunas cosas. Entendiéndose bajo las sábanas y sólo durmiendo.
Las dos eran perfectas.
Y las dos frente a una mesa, ahora esperaban que una de las dos diga algo. Cualquiera de las dos.
Y las dos quedaron calladas.
Las dos pretendían que así, sin palabras, las cosas se solucionaran como si nada, o que al menos las cosas se olvidaran. Y con esa idea en la cabeza, por primera vez en su vida, Mía le sonrió a Lara. Tomo la caja y le dio siete fichas.
Mía dejó de ser predecible. Lara temió. en cualquier momento estallarían las dos.

y al parecer no era el momento.

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