martes, 15 de abril de 2014

dos antes de despertar.

Ella dormía. El la observaba. Pero él no sabía que ella miraba y sonreía.
Cree que extraña. Es extraña. Muy extraña. Y lo extraña. Pero no puede decir nada. Las verdades se sienten cálidas entre tanta sábana revuelta. Prefiere el calor del acolchado. Prefiere el calor de los brazos. Se duerme con una caricia en la espalda. Se despierta con los ojos cerrados. Mejor dormir. Dos horas más, sólo dos.
Suena el teléfono. 
- Hola ... No ... Ahora no ... vamos ... Claro ... Mañana ... Chau -
La observa y la ve en los sueños. No quiere hacer ruido. Prende un cigarrillo y acerca el cenicero. La observa, le mira la espalda... Hermosa su espalda. Exhala. No puede creerlo. 
Se consume el cigarrillo sin ser fumado. Anonadado entre el silencio y las sonrisas. Duerme. Se despierta y se hace la dormida girando la cabeza tímida. Solo un minuto más. Sólo dos minutos. No quiere. Se resiste. Un beso. 

miércoles, 17 de abril de 2013

maquillaje

El sonido del agua caer sobre el piso la suele relajar. El vapor que brota de los lados de la cortina, la hace imaginar canciones de esas que Mía dice que "son sólo ruido". Hace días, semanas, meses, que no sabe nada de ella. La ve todos los días salir temprano de la casa y la oye volver muy tarde, cuando ya ella duerme. Siempre riéndose. Siempre haciendo ruido, esperando que se levante de la cama a gritarle y pelearse nuevamente por lo mismo. 
Lara sabe lo que pasa y no quiere decir nada. Sabe que mantienen los mismo recuerdos guardados y hasta los mismo miedos. Mía es fuerte, aparenta serlo. Demuestra serlo con cada uno de esos hombres con los que pretende ser feliz por una noche. Lara se sienta en la cama a pensar, hasta llorar a veces. Sino, se da una de esas duchas de vapor que tanto le encantan.
Mía entra al abaño y apaga la música. Por primera vez en meses se encontraban en la misma habitación. Lara oye como Mía limpia el espejo con la toalla. Ese sonido agudo chirriante que tanto la estresa. Se asoma por la cortina y la ve. Lo más calma se delinea los ojos de usual color negro. Una remera escotada, como antaño, unos zapatos de taco y unas medias rotas. La desconoció por un instante, sintió pena, en el fondo. Mía la miró y le pasó la toalla. Lara se envolvió en ella. A Mía le temblaba la mano por alguna razón que Lara, en su inocencia, no entendía.- Te vas a lastimar. Le dijo. - Más? Lara no supo que decir. Mía sólo buscaba una excusa para discutir.

martes, 16 de abril de 2013

pan - queso


Caminaba jugando a no caerse del cordón de la vereda. Los brazos extendidos, una leve sonrisa casi invisible. Ojos un poco tristes y otro poco pícaros. Un pie delante del otro, pegadito, sin espacio entre ellos. Zapatillas de cuero blancas con una linitas de color azul, un jean gastado con un agujero en la rodilla. Una remera color blanca, un poco (o bastante) sucia. Sin mangas, deja ver entre su hombro una pequeña mariposa, casi invisible para ojos ingenuos. Cuello largo, sin ningún adorno. Orejas simétricas, un único aro del lado izquierdo. El pelo recogido en una cola de caballo, algunos mechones le caen sobre cara mientras mira el piso. Flequillo que ya está largo; levanta la cabeza y le tapa los ojos. Se pone la mano en la frente para poder mirar, el sol le da en la cara. Una persona se le acerca y la empuja. Ella se sorprende al verlo. Se vuelve a levantar y sigue caminando y él vuelve a empujarla, ella toma su mano y lo sujeta. Bien fuerte. El se sorprende, trata de zafarse, se asusta. Trata de correr. Ella no lo suelta. Se da vuelta y sin soltarlo comienza a caminar. Él detrás, con miedo, sin saber bien qué hacer.
Un pie adelante del otro. Sin separación alguna, con la mano sin mano hace equilibrio extendida en el aire. Medio que se caen, medio que se mantienen en pie. (como un pan - queso de una única persona)

martes, 19 de febrero de 2013

observaciones


Se rasca la barbilla y finge leer un libro de tapas verdes, un poco sucio. Solo lo ve y se rasca, sólo oculta la poca tecnología que finge no tener. Es de esos seres humanos que se resisten a la tecnología que los rodea como si eso no estuviera del todo bien. Tiene una barba colorada que hace juego con su cabello, también pelirrojo. Es de esas barbas que pretenden ser desprolijas, de una forma totalmente ordenada, cada pelo es más largo que el otro sin sentido aparente. Aunque, cuándo lo miras con detalle, te das cuenta que todo está meticulosamente en su sitio. Una boina de color gris. Un pañuelo en tonos de blancos y negros. Un bolso, morral, color azul. Un smartphone de última generación. Algo que ocultaba (y fingía no tener) bajo un libro de tapas verdes, un poco (ya demasiado) sucio, con letras negras (casi grises)
En cuánto ve que lo descubro. Desaparece.

jueves, 27 de diciembre de 2012

relato de colectivo.


Todo comenzó en una parada de colectivo. Un día de lluvia, de esos de últimamente en donde es más agua la que brota de los pies, que la que cae del cielo (inundaciones, le suelen decir). Ella llegó y en la esquina, haciéndose la valiente, mira a la llegada del próximo colectivo. La lluvia le moja la cara y viendo como cada vez las gotas se hacen más pesadas, se esconde bajo un toldo de heladería. Él sale del local con un celular en la mano, escribiendo vaya uno a saber a quién. A alguna novia de barrio, un viejo amigo del secundario, una mamá preguntando si está por llegar. Se le acercó y únicamente le sonrió, una frase de "llueve mucho" (o algo así, no recuerdo bien). Y ella, también, le sonrió, pero tímida como es... no pudo más decir.
Se subieron al mismo colectivo. Se sentaron cercanos, pero no al lado. Se miraron de vez en cuando. Se esquivaron las miradas un tanto avergonzados. Ella se bajo del colectivo y él quedo con su celular hablando con quién sabe quién.
Los tiempos pasaron, los colectivos también. Se volvieron a cruzar una que otra vez. Nunca se volvieron a dar cuenta de su propia presencia. Hasta hoy. Que pasó algo. No sé bien qué fue. Pero pasó. En la parada nuevamente. Una ola de calor agobiante brotaba del mismo suelo que anteriormente estaba inundado. Como la otra vez el chico no dejaba de escribir. Él la miró y la reconoció, ella lo miró y se dio cuenta que ya se habían visto. Ninguno de los dos se animó a sonreír. 
Se subieron al mismo colectivo, él se quedó sin monedas, tardó en sentarse y quedaron enfrentados. Se volvieron a ver, rápidamente, fugaz. Tímidos. Ella se mordió el labio inferior mirando para la ventana. Él la observó disimuladamente pero cuando levantó su mirada la evitó cerrando sus ojos en una media expresión extraña mezclado con bronca, vergüenza y alegría.
Ella se levantó con una sonrisa media pícara en la cara. No lo miró. Tocó el timbre del colectivo y bajo mucho más lento de lo que solía hacerlo. Se dio vuelta desde la calle y vio sus ojos celestes mirándola. Ella se sonrojó y como juego espero que el colectivo se vaya, sin parpadear lo miraba, le levantó una ceja y siguió mirándolo. Él también la miraba y la siguió mientras quedaba arriba le guiñó un ojo y se fue. Hasta la próxima vez, a las 23hrs, en la parada de la heladería.

domingo, 21 de octubre de 2012

dos en la ciudad


Ella se mira sus ojos en el reflejo de un auto estacionado. Se limpia una que otra lagaña que le quedó pegada al salir corriendo. ¿De dónde viene? ¿A dónde va? Ni ella está muy segura. Solo camina para saber que ya no está en el mismo lugar.
Él corre un colectivo al que presiente que no tiene posibilidades de llegar. Su remera amarilla está manchada en la parte de adelante, justo donde comienza el dobladillo. Lo acaba de ver y le da bronca. Mientras que mira su mancha sigue corriendo, se choca con el mismo auto que antes había sido utilizado de espejo. 
El colectivo se va y él lo pierde. Ella camina despacio restregándose un ojo que a comenzado a picarle, luego de quitada la pestaña. Se cruzan; él la ve y ella siente la mirada sin atreverse a darse la vuelta. Pasa el colectivo y se queja pateando un charco de agua. El agua moja su espalda, finalmente se da vuelta pensando lo estúpido que es aquel tipo que acaba de mojarle.
No puede enojarse, sólo se ríe de la mancha en la remera, del color chillon de la misma. Su pelo enmarañado, de los zapatos que no combinan,. De que está mojado de pies a cabeza por ese charco que no solo a ella mojo, sino a los dos. 
Ofendido se aleja y ella lo alcanza y rebusca en sus bolsillos. Le regala un caramelo, solamente eso. y él le sonríe. Solamente eso. 

(rato hace que no escribo ni una imagen... de pronto, entre café y café, una imagen despierta en mi mente... como un destello de algo llamado... de alguna forma?)

jueves, 11 de agosto de 2011

la luz oscura

"¿Y qué ves?" 
"Nada" Respondió del otro lado del teléfono. 
Una cortina de negrura que la rodeaba. Un gran silencio hecho oscuridad. Un mar de olas invisibles. El aroma a frío y a sal le inundaban los secretos más ocultos.  Apenas sentía sus dedos. Estaban helados. Los restregaba con su pantalón de jean que también amenazaba con congelar sus piernas. 
Veía nada, sólo sentía lo que pasaba a su alrededor. Sus ojos abiertos y cerrados al mismo tiempo. Siente como su voz se entremezcla con la de ella. Susurra en silencio los amores que no puede expresar a la luz del día. Cuenta las horas, los minutos, los segundos para volver a verse. La luna a la lejanía es el único punto de referencia en esa nada absoluta. Su voz en el teléfono es lo único que importa.
Un faro en la lejanía comienza a acercarse, ella dice que él se acerca. Acelera sus palabras y medio que las atropella. El silencio absoluto se consume en una luz que lentamente se hace más visible, más cercana. Amenazando con comer la verdad. 
El faro se acerca al barco. El silencio se vuelve lejano. Las palabras se hacen cataratas y ella lo piensa. Él frente a ella. En la costa. Entre el silencio absoluto, ella, el mar. Recuerda aquello por lo que lo había llamado. Porque ya llegaba, porque estaba cerca, porque estaba en silencio. Porque estaba oscuro y podía. Porque no veía sus manos en la nada misma. "Te amo" pensó. Y no lo dijo. La luz lo oculto. 

jueves, 12 de mayo de 2011

dialogos que no fueron.

(ella le toma las manos y las pone sobre la mesa, lo hace incorporarse, hace que él la mire a los ojos. se muerde el labio inferior y abre la boca varias veces antes de decir algo. suspira. finalmente habla)
¿querés saber quién soy? Soy simplemente Laura. Llorona, simple y compleja al mismo tiempo. Soy bastante paciente, o no. Por ahí me equivoco y no soy paciente... (revolea sus ojos, él la mira anonadado, no quiere escucharla, quiere interrumpirla, ella sigue hablando) Y si, soy impulsiva, mañosa. Insoportable. Soy una bola de nervios a veces. No se hablar. No. Sólo se escribir. Digo lo que pienso, como lo pienso, aunque al otro se le parta el alma, lo digo. Y por que lo digo espero lo mismo del otro. Que no me usen. Que no me den vueltas. No lo quiero.
(él la observa y no sabe bien qué decir. Se alleja un poco más de ella, la mira de arriba a abajo. Espera ver en ella algo, pero no sabe qué)
¿te estoy usando? 
(Laura toma aire profundamente, sus ojos se llenan de lagrimas y da vuelta la cara. la baja, él cada vez está más lejos. Laura se aleja también. Tiene miedo)
No, pero sabés todo lo que pasa, ¿no? Nunca mentí.
No pense que estaba usandote
Me imagino...
...
...

Mudo. él mudo como siempre, no dice nada. Ella quiere largarse a correr de la vergüenza que le da situación. Con fuerza planta sus pies en el piso. Se traga las lagrimas y comienza a sentir el latido del corazón.
Nunca sabrá lo que él piensa, si no lo dice. Laura piensa sobre cada uno de sus pasos y recuerda que los camino de a poco. Intenta convencerse de algo, no sabe bien de qué, sólo lo intenta. Sólo eso.
Camina lentamente por las calles de Berlín. Nadie la entiende, nadie la ve. Una morocha camina lentamente esperando que alguien la pase a buscar. No sabe quién es. Sólo sabe que ya fue. 
...
Laura se olvida lo que nunca habló.

miércoles, 5 de enero de 2011

bajo la lluvia

Le gustaba sentir las gotas de lluvia en su piel. Ansiaba el olor a tierra mojada, en especial esos días de verano en dónde se levanta la leve brisa y trae esos aromas de lugares recónditos. Ese aroma a pasto húmedo, que trae aparejado un leve fresco que calma el calor abrazador. 

Almendra caminaba por las noches esperando que llueva. Con un aire un tanto melancólico y otro poco simpático. Daba ganas verla caminar por las noches totalmente libre, esperando que las gotas caigan sobre sus hombros. Levantando sus ojos al cielo y cerrándolos, sintiendo el frio del agua en las mejillas.

Fue uno de esos días en los que ella salía a disfrutar, cuando se cruzó con él. Joaquín, un chico con mirada despreocupada y caminar ligero. No le gustaba andar con los pies mojadas por lo que la lluvia lo puso de mal humor. Sus ojos se entrecerraron y andaba torpe por la calle. Almendra le sonrió y Joaquín se detuvo en seco, como era de suponer, en su torpedad se cayó al piso, mojándose de la cabeza a los pies. Refunfuñó enojado y maldijo un par de veces. Ella se sonrió y le dió la mano, pero en vez de ayudarlo a levantarse se sentó junto a él y su mirada pícara lo hipnotizó. 

Se tiró en el piso, la gente les pasaba por al lado y los observaba entre sorprendida y disgustada, medio divertidas, medio con cara de desaprobación. Joaquín se sentía avergonzado. Se puso colorado y miraba a la chica esperando que le dijera algo, al menos su nombre. Algo que saliera de su boca, que le diera una explicación a aquello que hacían en el medio de la calle. 

Almendra nunca dijo nada. Se limitó a abrir los ojos aún más grandes para darle confianza. Y él se vió en ellos. Reflejado en el canela de los ojos, sonrió. Como Almendra, él sintió el chapoteo en los charcos de las demás personas que caminaban sin importar más que ellos mismos. Y ambos, de la mano, disfrutaron del color del cielo estrellado, empapado.

lunes, 27 de diciembre de 2010

despertar

-seguiremos con él en los próximos días.-

Su nombre es Luz. No tendrá más de unos 24 años. Algun más, alguno menos. En definitiva, ronda esa edad. Se come las uñás de las manos cuando está nerviosa, suele repiquetear los dedos en la mesa, intentando marcar algún que otro ritmo, pero, para ser sincera, la música no es lo suyo. Le gusta comer caramelos de miel durante las noches y odia lavarse los dientes antes de tomar café. 
Era un día cómo los de siempre. El despertador suena y ella tantea con su mano la mesa al lado de su cama. No lo alcanza. El gritito agudo del despertador sigue sonando, sigue molestando e impidiendo esos último diez minutos de fiaca. Refunfuñando abre apenas los ojos, tarda en acostumbrarse a la tenue luz que entra por la ventana. El reloj no está sobre la mesa. Una vista panorámica por el cuarto, no lo ve. El sonido no cesa. Hace calor en la habitación, toma una hebilla y se ata rapidamente el cabello en un rodete. Sus ojos continuan la inspección. Ninguna pista. 
Comienza a desesperarse. Respira profundo y entre cierra los ojos, sigue el sonido. Dónde quiera que esté, ella lo va a encontrar. Camina a tientas por la casa, palpando las paredes para no caerse, juguetea con sus dedos siguiendo el ritmo del "ring" del despertador. Cada vez está más cerca, lo puede sentir, y... Plaff! Se apaga. Como todos, este también tiene un tiempo limitado de ring. 
Luz abre los ojos, ya está completamente despierta. Refunfuña, sin despertador sonando puede volver a acostarse, pero ya no es lo mismo. Por tercera mañana concecutiva el despertador consiguió su cometido de levantarla y Luz continúa sin encontrarlo. 

domingo, 12 de diciembre de 2010

nosense

- ¿Hola?
- estoy volviendo a casa y vi una que esta en venta.
- ...
- ya sé, no digas nada, esta muy cerca de casa, pero...
- no dije nada
- por eso, no digas nada. te digo, claro, esta muy cerca, pero podemos comprarla para alquilarla y nosotros alquilamos otra.
- pri, ¿con qué plata la compramos?
- con la de la herencia
- ¿qué herencia?
- la de la abuela.
- ¿mi abuela?
- si
- pri, no hay herencia.
- ya sé, pero pedimos un prestamo.
- ¿para?
- para pagar la herencia
- pedimos una herencia para pagar la casa y un prestamo para pagar la herencia.
- claro
- ¿por qué así?
- pedimos a tu abuela que pida una herencia
- ¿y si alquilamos directamente la otra casa sin comprar nada?
- ¿y como pagamos el alquiler?
- con la herencia.
- si no hay herencia...
- si, del prestamo.
- pero ese es para pagar la herencia
- claro, pagamos el alquiler.
- pero compramos la casa.
- ¿te parece?
- y si... aparte queda cerca de casa...

lunes, 6 de diciembre de 2010

un personaje y una flor.

Lloraba y lloraba frente a una ventana. Se miraba de reojo en el reflejo pero se daba vergüenza por lo que lo hacia disimuladamente (pero, verdaderamente, no podía evitarlo, hasta llorando era hermosa), sin que nadie la viera. Se escurría las lágrimas en un pañuelo de flores azules con pintitas rojas. Uno de esos pañuelos de niñas pequeñas. Uno de aquellos que le regalan a una para poder mostrar y llevar en los paseos por La Boca.
Los pies le colgaban en la silla y estaban bastante fríos. No tenía medias, se las había prestado a su hermana para que saliera. No tenía zapatos por que no le gustaba usarlos sin medias. Se sentía desprotegida, abandonada al mundo Con un único consuelo. Un pañuelo de flores azules con pintitas rojas. 
Era suyo. Sólo de ella. Y se enjuagaba las lágrimas con el reverso de la camisa. Se volvía lentamente a levantar y a caminar pausadamente por los pasillos del living. No entendía el porqué, pero en cada paso sus sonrisas volvían y lo que antes era un hipo continuo comenzó a transformarse en un sonido terriblemente agudo. Cada vez más fuerte que surgía de ella misma. Algo así como la libertad. Y corrió

martes, 26 de octubre de 2010

Lara es Mía.

De vez en cuando le pasaba. Se perdía del camino y se iba a algún lugar remoto a pensar. ¿En qué? En lo que fuera, con tal de hacerlo. Y fue unos de esos días que pasó. Uno de esos días snetada frente a un río color verde que le toco su espalda y le dijo "te ecnontré". Y sus manos se enroscaron el pasto húmedo y tironearon de él, sus pies se quedaron quietos y dejeraon de chapotear en el agua. Sus ojos se fijaron en un punto lejano del horizonte. No se dió vuelta. Sentía su mano en su hombro. Sentía como él le tomaba los cabellos y comenzaba a jugar con ellos. Ella tieza, dura cual piedra. No lo queria. No se animaba a gritar. No le salían las lágrimas.
Lara estaba oculta entre los árboles. Y él la había encontrado. Se acomodo a su lado y comenzó a contarle, sobre ella, sobre Mía, sobre su amor, sobre su odio, dolor, temor, pasión. Le contó en dos minutos (o por ahí más de dos horas) cosas que Lara no quería escuchar. Lara no lo oía, se secaba los pies con el ruedo del vestido, mientras con la otra mano lentamente soltaba el pasto de entre sus dedos.
"Y volví por vos" Lara lo miró, por primera vez de arriba a abajo. Se acordaba de él. Lo recordaba en todos sus detalles. En su altura, en su olor, en su color de pelo y de ojos. En cada una de sus facciones. En cada suspiro. En cada una de las palabras rigurosamente seleccionadas. Lara lo observó en el silencio. Agradeció el silencio previo al grito. Y se sonrió. Y Lara fue Mía.

lunes, 13 de septiembre de 2010

a qué

- Tengo miedo.
- ¿A qué?
- No se
Pat le tomas las manos tranquilo. Las envuelve entre las suyas. Ana se hace chiquita y se acurruca mirando a un lado. Junta sus piernas con su cabeza (sus rodillas casi que tocan la cabeza, pero no que tan cerca). Sus brazos bajo su cabeza. Ana entra perfectamente dentro de los brazos de Pat y él le pasa su mano suavemente por el lado de su cuerpo. Luego su mano queda en su pierna. Ella respira algo gitada. Ana llora pero no quiere que nadie la vea. Pat no necesita luz para verla, para sentir el sonido de sus lagrimas caer contra su mano. Pat acaricia el pelo de Ana, medio que se lo enreda entre sus dedos. La piel de Ana es suave como el algodón. La mano de Pat es áspera. A Pat le encanta acariciar a Ana cuando comienza a dormirse. Ella le transmite cierta paz que él no puede entender bien. Ana está segura. Tiene muchos miedos, tantos que ya ni sabe bien a qué. Pat apoya su mejilla sobre la de Ana y se queda dormido.

martes, 7 de septiembre de 2010

idea I

ideas de muñecas: para continuar en días... 
Dos muñecas de trapo tiradas en el piso. Están tiradas frente a una puerta del armario. Este tiene un gran espejo, las muñecas se reflejan en él. Tienen la piel de color marrón, vestidos de color rojo con puntos grandes y blancos. Trenzas negras hechas de lana y piernas largas y finitas. Tiene moños en las trenzas. Una es igual a la otra. Una tiene ojos de botón azul y la otra de color verde. Ambas muñecas están sucias (de la suciedad que se entremete en la tela, esa que ya ni se puede sacar con jabón, ni detergente, ni lavandina) Tienen los brazos también muy largos con tela de cocida en forma de tubo con guata ya hecha bolitas adentro. Los brazos medos deformes. Gente comienza a pasar por al lado de ellas y no las ve. Los pies se ven pasando alrededor. Nadie las patea, nadie las levanta. Pasan, abren las puertas del placard y las dejan allí. Sacan cosas del placard y las muñecas siguen allí. Se cubren de polvo. De a poco. Y el polvo se adentra en la tela. Y si alguien las mira, no las ve.

domingo, 27 de junio de 2010

Ana y Pat

- Dime una cosa Pat...
- ¿Qué?
- Te parezco linda
- ¿Y esa pregunta?
- Necesito una respuesta...
- Si, eres linda.
- ¿Pero estas convencido?
- Me pareces hermosa.
- ¿Vos por que me querés?
- No... O por ahí sí. No puedo ser objetivo.


Y esa respuesta no es la que esperaba. Ana sabía, en el fondo que no era bonita. Que no era, al menos, la más bonita de las muchachas del condado. Pero quería que le mientan un rato para sentirse mejor. Se enojo un poco con Pat. Y él, entre caricias en la mejilla y cosquillas en la panza la volvió a hacer sonreir. Porque para él , Ana, era la más hermosa de las niñas.

domingo, 30 de mayo de 2010

lluvia

Cuando llueve a ella le gusta salir a cantar abajo de las gotas. Le gusta sentir cómo el agua acaricia su piel y cómo todo su cuerpo se eriza por el frio. Le encanta sentir sus labios empapados y su pelo que se le pega a los cachetes de la cara. Le divierten los charcos en el piso y verse reflejada de forma extraña en ellos. Sus manos tratando de secar el agua de sus ojos. Sus medias mojadas que hacen plap plap al caminar de vuelta a casa. Su boca seca de tanto reir. Su ropa chorreante y el apraguas seco.
Pero, en verdad, lo que a ella más le gusta es entrar en su casa, desvestirse frente a la estufa a leña y observar las sombras en el piso. La luz tenue que apenas deja entrever sus curvas. Su enmarañado pelo, atado en rodete desprolijo. Un libro en la mano, secandose los pies con una toalla.

jueves, 13 de mayo de 2010

final (parte IV)

Ella se reserva el nombre para ella misma. Prefiere que sea un relato así de cosas que han pasado que no quiere más que contar sin saber de quién se trata. Pero se sabe que ya en la cocina su mamá grita su nombre. Ella ya no estaba la pieza, estaba en el pasillo cada vez más curiosa. Quería saber qué había pasado. Esa parte si que no la recuerda. creo que se lo dicen. Creo que le dice y ella no lo cree. Recuerda que mira de frente a su mamá. La ve llorar. No lo cree. No llora. Es un mal sueño. No es verdad. Hace dos días nada más estaba en el auto con él. La llevaba al colegio. A la estación. Y le daba un beso. No era verdad. Se hizo la fuerte. lo extraño es que intentó llorar y no le salió. ¿quién era ese hombre para venir a decir esas cosas? Se fue a la pieza y su mamá le pidió que llame a sus tíos. Que vengan, que era un urgencia. Que ahora.
Que hubo un accidente. Que no respondió la marina argentina. Por que no llegó, por que nunca escuchó el llamado. Por lo que sea. Que estaba en Uruguay. Que tenían que traerlo. Que su mamá no quería dejarla Y ella se mantuvo fría y ajena diciendo: "no podemos salir del país somos menores, y necesitamos la autorización de papá, tenés que ir, mamám nosotras nos quedamos acá"
Y el hombre, el mensajero se fue. Dejandonos ahí esperando no se qué. O llego el tío antes. O la tía. Ya a partir de ahí se generan un par de lagunas bastante extrañas.Recuerdos de despertar a su hermana y que entre no creerlo y no entenderlo, tampoco llora. Recuerdos de no llantos y llantos que si tuvo. No recuerda si volvió a dormir cuando su mamá viajó a Uruguay. Que recuerda con quién estuvo. Que la extraño. Que quería que vuelva. El no poder creerlo. Comentarios de la gente.
Y un único pensamiento que es el día de hoy y no entiende. Es el día de hoy continua sin comprender. Siempre creyo en la magia. Se despertó unos minutos antes. Unos sgundos antes que parecieron minutos. Lara tiene esa amiga que le pasó algo muy similar pero distinto. Lo supo en el adiós, lo supo que era el último, por apenas una sonrisa. Como si ese segundo antes de que sonara el primer timbrazo ya estuviese diciendo "adiós, hija".

Fin

no son buenas noticias (parte III)

No recuerda bien la noche del miércoles. No recuerda nada anterior a despertarse en plena oscuridad. y ver la luz del pasillo prendida como de costumbre. Sus manos estaban helados. Su pelo, cómo siempre alborotado y sus mejillas heladas, al igual que la nariz. Era de esos días helados en donde los dedos se te quedan duros y uno no puede respirar.
Fue un segundo en dónde quiere volverse a dormir. Tenía colegio, eran las tres de la madrugada. Y lo oyó. Timbre. Su mamá que se despierta y ve su sombra en el pasillo. Se niega a abrir.Sus ojos no querían cerrarse, aunque su cabeza le decía que era mejor no enterarse de nada. Cerró los ojos. Fuerte, cómo cuando era chica. A ver si de esa forma no sentía lo que iba a pasar (en el fondo, muy allá en lo oscuro, todos sabemos que un timbre a las tres de la mañana no traen buenas noticias). Sonó el teléfono y se negó a escuchar. Se levantó ¿qué pasó mamá, quién es? "Anda a la cama". Su mamá cerró la puerta de la habitación y abrió la puerta. Ella nunca más se volvería a dormirse esa noche.
Se quedó espiando por entre la puerta. Un hombre que no recuerda bien la cara. Un hambre grande de traje negro y uno de esos sacos grandotes, si recuerda bien, de color marrón. Un pañuelo que imagina de un color morado. Su mamá no lo deja pasar más que la puerta. "¿Qué pasó?" El la hace pasar lentamente a la cocina. Comprensivamente. No sabe cómo. Va a la cocina, guiada por la duda, la desesperación el miedo (en el fondo ella también sabía que una persona a las tres de la mañana, nunca trae buenas noticias)

continúa...

miércoles, 12 de mayo de 2010

en el cuerpo (parte II)

Pasó hace unos años. Hara entre siete y ocho años. Verdaderamente, nunca va a recordar bien hace cuanto. Nunca. En un principio solía culparse por ello. Ahora, sólo comprende una cosa: "lo sabe, en el cuerpo" Cada vez que pasa un año más su cuerpo se encoje, un leve dolor en  el estómago. Sus defensas caen, sus ánimos se desbordan y su caracter su vuelve tan ácido. Contesta a quién se le acerque de mala manera. Muerde a aquel que se le oponga a sus caprichos. Se aisla del mundo. Y el jueves, en la madrugada. Todo se tranquiliza. Se vuelve tan tierna y suave como antaño. Como las demás semanas del año. Es un sema en donde todo ocurre y nada pasa.
Y no recuerda presisamente la fecha. Tampoco el año. Sólo un jueves de mayo. Lo percibe en su cuerpo.

continúa...

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