martes, 16 de abril de 2013
pan - queso
el
4/16/2013
• relatado por
Unknown
Caminaba jugando a no caerse del cordón de la vereda. Los brazos extendidos, una leve sonrisa casi invisible. Ojos un poco tristes y otro poco pícaros. Un pie delante del otro, pegadito, sin espacio entre ellos. Zapatillas de cuero blancas con una linitas de color azul, un jean gastado con un agujero en la rodilla. Una remera color blanca, un poco (o bastante) sucia. Sin mangas, deja ver entre su hombro una pequeña mariposa, casi invisible para ojos ingenuos. Cuello largo, sin ningún adorno. Orejas simétricas, un único aro del lado izquierdo. El pelo recogido en una cola de caballo, algunos mechones le caen sobre cara mientras mira el piso. Flequillo que ya está largo; levanta la cabeza y le tapa los ojos. Se pone la mano en la frente para poder mirar, el sol le da en la cara. Una persona se le acerca y la empuja. Ella se sorprende al verlo. Se vuelve a levantar y sigue caminando y él vuelve a empujarla, ella toma su mano y lo sujeta. Bien fuerte. El se sorprende, trata de zafarse, se asusta. Trata de correr. Ella no lo suelta. Se da vuelta y sin soltarlo comienza a caminar. Él detrás, con miedo, sin saber bien qué hacer.
Un pie adelante del otro. Sin separación alguna, con la mano sin mano hace equilibrio extendida en el aire. Medio que se caen, medio que se mantienen en pie. (como un pan - queso de una única persona)
martes, 19 de febrero de 2013
observaciones
el
2/19/2013
• relatado por
Unknown
Se rasca la barbilla y finge leer un libro de tapas verdes, un poco sucio. Solo lo ve y se rasca, sólo oculta la poca tecnología que finge no tener. Es de esos seres humanos que se resisten a la tecnología que los rodea como si eso no estuviera del todo bien. Tiene una barba colorada que hace juego con su cabello, también pelirrojo. Es de esas barbas que pretenden ser desprolijas, de una forma totalmente ordenada, cada pelo es más largo que el otro sin sentido aparente. Aunque, cuándo lo miras con detalle, te das cuenta que todo está meticulosamente en su sitio. Una boina de color gris. Un pañuelo en tonos de blancos y negros. Un bolso, morral, color azul. Un smartphone de última generación. Algo que ocultaba (y fingía no tener) bajo un libro de tapas verdes, un poco (ya demasiado) sucio, con letras negras (casi grises)
En cuánto ve que lo descubro. Desaparece.
jueves, 27 de diciembre de 2012
relato de colectivo.
el
12/27/2012
• relatado por
Unknown
Todo comenzó en una parada de colectivo. Un día de lluvia, de esos de últimamente en donde es más agua la que brota de los pies, que la que cae del cielo (inundaciones, le suelen decir). Ella llegó y en la esquina, haciéndose la valiente, mira a la llegada del próximo colectivo. La lluvia le moja la cara y viendo como cada vez las gotas se hacen más pesadas, se esconde bajo un toldo de heladería. Él sale del local con un celular en la mano, escribiendo vaya uno a saber a quién. A alguna novia de barrio, un viejo amigo del secundario, una mamá preguntando si está por llegar. Se le acercó y únicamente le sonrió, una frase de "llueve mucho" (o algo así, no recuerdo bien). Y ella, también, le sonrió, pero tímida como es... no pudo más decir.
Se subieron al mismo colectivo. Se sentaron cercanos, pero no al lado. Se miraron de vez en cuando. Se esquivaron las miradas un tanto avergonzados. Ella se bajo del colectivo y él quedo con su celular hablando con quién sabe quién.
Los tiempos pasaron, los colectivos también. Se volvieron a cruzar una que otra vez. Nunca se volvieron a dar cuenta de su propia presencia. Hasta hoy. Que pasó algo. No sé bien qué fue. Pero pasó. En la parada nuevamente. Una ola de calor agobiante brotaba del mismo suelo que anteriormente estaba inundado. Como la otra vez el chico no dejaba de escribir. Él la miró y la reconoció, ella lo miró y se dio cuenta que ya se habían visto. Ninguno de los dos se animó a sonreír.
Se subieron al mismo colectivo, él se quedó sin monedas, tardó en sentarse y quedaron enfrentados. Se volvieron a ver, rápidamente, fugaz. Tímidos. Ella se mordió el labio inferior mirando para la ventana. Él la observó disimuladamente pero cuando levantó su mirada la evitó cerrando sus ojos en una media expresión extraña mezclado con bronca, vergüenza y alegría.
Ella se levantó con una sonrisa media pícara en la cara. No lo miró. Tocó el timbre del colectivo y bajo mucho más lento de lo que solía hacerlo. Se dio vuelta desde la calle y vio sus ojos celestes mirándola. Ella se sonrojó y como juego espero que el colectivo se vaya, sin parpadear lo miraba, le levantó una ceja y siguió mirándolo. Él también la miraba y la siguió mientras quedaba arriba le guiñó un ojo y se fue. Hasta la próxima vez, a las 23hrs, en la parada de la heladería.
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