miércoles, 12 de mayo de 2010

¿es magia? (parte I)

(cuatro partes escritas en una noche •  en donde ella intenta explicar algo, 
que por ahí, no tiene explicación)

Es una historia antigua, muy vieja ya. Pero no por ser antigua pierde su encanto. Pierde la magia. La magia no siempre es linda. En ese momento no sabía qué pensar. Si era buena, mala, linda o fea. O bien, ella sabía que no la estaba pasando para nada bien. Eso lo garantizaba. Podía sentir como la sangre latia fuerte en sus brazos, en su pecho, en sus piernas, en todo su cuerpo. Siempre tuvo algo de maga. Algo de magia. Algo de algo que ella no sabía, ni aún sabe, como llamar. 
Y esta es como la cuarta vez que relata la historia. Es que cada vez que la escribe le resulta menos verosimil e intenta encontrar algún tipo de pista en las letras que le den una explicación. Una razón, un vestigio de algo que le haga creer que la magia, aún, es linda...

continúa...

lunes, 26 de abril de 2010

escapar

Le dolian los pies al caminar. Le ardían. La arena estaba caliente. Jugo demasiado tiempo a hundir sus pies en ella, sin percatarse que se estaba quemando. Amaba la arena. Era algo más fuerte que ella. Era más fuerte que cualquier cosa que la rodeara. Era más que sólo arena. Hacía que su mente volara más lejos. Se olvidara de todo lo que fue. Todo lo que era. Para concentrarse en nada más que en la arena. En cada uno de los finos granos que palpaban su piel. Cada centimetro de su piel se metía bien adentro. Sin dudar. hacia circulos con el pie. Pateaba y la veía volar.
Su pelo se enredaba con el viento. Su mejor sonrisa en la cara. Le molestaban los pies. Se snetó entre un médano y el mar. Sus manos jugaban, la tomaba entre sus dedos y la dejaba caer. Despacio, como si de eso dependiera el pasar del tiempo. Como si de eso dependiese cuándo volver a la realidad. Su cuerpo oscilaba entre el caer y el mantenerse sentada. Sus ideas iban desde un punto lejano en el espacio hasta donde estaba ella. Imposibles de olvidar. Eran una espina clavada en lo más profundo del ser. Era una astilla que no pudo nunca sacar.
Se preguntaba qué pasaría entre sus brazos las proximas noche. Qué haría en el mar. Quién quería caminar con ella en la arena, quemandose los pies. Susurrando en el viento, un silbido.Apenas audibles. Se dió vuelta y estaba. Ataviada como de costumbre.  De guantes y escote pronunciado. Pelo castaño, levemente más enrulado que la última vez. Reluciente ante el sol. Agazapada, esperando atacar.
"No te olvidarás de mi..." silbaba el viento, mientras Lara se paraba y comenzaba a caminar...

lunes, 25 de enero de 2010

Las una y mil.

Era de noche. Muy tarde. Estaba tratando de conciliar el sueño. Entre una cosa y la otra, su cabeza no dejaba de pensar en tres cosas: no llegar tarde a la terminal, comprar protector solar, que lo iba a extrañar. Mientras esas cosas se mezclaba en la cabeza, de a poco le comienza a quedarse dormida. Muy de a poco. Su cuerpo se relaja, los brazos y las piernas débiles, las mejillas sueltas. Los ojos se le cierran y se dejan llevar por unas ideas que comienzan a rozar el inconciente. Y suena. Los ojos se niegan a abrirse. Los brazos se niegan a acercarse al aparato y tomarlo. Con todo su cuerpo se acerca al móvil y lo mira. Número desconocido. ¡Bah! No desconocido. Lo conocía muy bien. sabía quien era. Se daba cuenta que era un número que ya había borrado hace tiempo de sus contactos. Que quería olvidar, pero agradecia recordarlo, para que no la tome desprevenida. El aparato seguía sonando. Ella, con los ojos achinados, veía la luz blanca que el celular daba a la habitación. Queía desprenderse de él. Quería cortarle. Quería dejarlo sonar y que se canse. Quería olvidarlo. ¿Con qué fin? ¿Con qué gracia?
Lara hacia tiempo que había dejado de ser Lara. Ya no era más Lara. Era más grande, había entendido las cosas que le había susurrado al oido. Había visto las idioteces que había cometido. Se daba cuenta de muchas cosas. Y no volvería a caer en el mismo pozo. No de vuelta. Había caído y levantado entre 3 y 4 veces. Una tras otra. Y la última ella salió y tras un grito ajeno, afuera la esperaba una mano. Y la tomo. Y se olvidó. Y se volvia a acordar de vez en cuando, hasta que un día se olvidó de todo (de todo y de nada se olvidó) Y confió de vuelta. Y dejo de ser Lara. O al menos esa Lara. Aquella Lara. Una de las Laras. Las mil y una Laras. Ella es Lara. Sin Mía. Lara.

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